Athletic - Atlético Madrid

¡Que viene el Pupas!

Vicu nos trae la primera previa de esta liga ya que con las vacaciones no llegamos a tiempo para mandar la del partido contra el Hércules. Recibimos al Atlético de Madrid, supercampeón de Europa y primer líder la Liga 2010-2011. ¿Hay que asustarse?

 He de confesar que los partidos contra el Atlético de Madrid me dan un morbo especial. Desde mis tiempos niños en que comencé a acudir a San Mamés y veía al Atlético de los "navajeros" - Panadero Díaz, Ovejero, Eusebio, Melo, Becerra ... - siempre ha sido un equipo que me ha caído especialmente mal. Reconozco que ha tenido - y tiene - jugadores muy buenos, incluso algunos que me eran especialmente simpáticos como aquel Gárate de una de sus épocas gloriosas que afirmaba que el Athletic era el equipo donde siempre quiso jugar. O nuestro director deportivo, Jabo Irureta, que en su época de jugador atlético ya demostraba que era todo un caballero. Pero salvo esas raras excepciones me cae mal, francamente mal.

He visto muchos partidos contra el Atlético en San Mamés. He presenciado grandes victorias del Athletic como el 5-1 de finales de los 80 donde comenzó marcando Futre y luego les hicimos la manita o el partido del debut de uno de mis ídolos - Estanis Argote - donde ganamos 1-0 con gol de Carlos al Atlético de Ratón Ayala, Luis Pererira, Capón y el famoso “oriundo” Rubén Cano.

Y también he visto grandes derrotas. Una de ellas, la más amarga que recuerdo yo en mis más de 40 años de socio del Athletic. Guardo la fecha  en mi memoria como si fuese ayer: 8 de febrero de 1978. Con mis 16 años de entonces salí llorando amargamente de San Mamés. Era un partido de copa (no recuerdo si octavos o cuartos pero aún eran primeras rondas). El Athletic había ganado en el Calderón 1-2. Al descanso de San Mamés se llegó con 2-0 a favor. En el segundo tiempo empataron a 2 y cuando pasaban más de 5 minutos del tiempo reglamentario, el ínclito Rubén Cano marcaba el 2-3. Entonces no existía el valor doble de los goles por lo que nos fuimos a la prórroga.  Carlos hace el empate a 3 y cuando vuelven a pasar un montón de minutos sobre el final de la prórroga el árbitro de apellido Tomeo (no se me olvidará jamás) pita un absurdo penalti en contra del Athletic.  Posiblemente fuera penalti pero a mi entonces me pareció el acto más injusto que alguien vestido de negro podía cometer contra mi equipo. Un penalti que además se hizo eterno porque San Mamés estaba cabreado y cada vez que el jugador (no recuerdo quién fue) cogía carrerilla para lanzarlo, la portería de Zaldua (que sustituyó a Iribar lesionado) se poblaba de almohadillas por lo que el árbitro paraba la carrera del lanzador. Esta historia se repitió un montón de veces, hasta que en todo San Mamés no quedó una almohadilla de La Misericordia para pasar a los que se encontraban en la portería de Ingenieros y que siguieran lanzándolas sobre el área. Finalmente se lanzó. Gol. Eliminatoria empatada. Tanda de penaltis. Falla Lasa el último, meten ellos y eliminados. Llorera total.

Dejando a un lado mis historias de abuelo Cebolleta y volviendo al presente, nos viene a visitar  un Atlético crecidito. Campeón de la última UEFA League, subcampeón de la Copa del Rey, supercampeón de la supercopa de Europa y líder en la primera jornada de Liga. Toma ya.

Con cualquier otro equipo esta trayectoria sería para temblar. Pero con el Atlético no. Si algo tenemos en común ambos equipos (será por eso de que de tal árbol tal astilla) es nuestra capacidad innegable para pifiarla cuando lo tenemos “a huevo”.  Sin ir más lejos, lo hizo el Athletic en la txampa final de la Liga pasada, cuando teníamos la UEFA en el bolsillo y la Champios a tiro. Y lo hará cualquier día el Atlético porque por algo le llaman el Pupas. Y con razón. Cualquier día de estos les sale nones y sueltan el partido bodrio de la temporada. Y me da el pálpito de que puede ser en San Mamés. Aunque no estaría demás que el Athletic ayudara algo. Jugando un poco más al fútbol (no es difícil) que el sábado pasado.

Al Athletic debe ganar para saldar cuentas pendientes. Para lavar la mala imagen del partido contra el Hércules. Para vengar algunas viejas afrentas como aquel partido de copa. Y sobre todo, para hacer recobrar la sonrisa a aquel muchacho de 16 años que un 8 de febrero de hace más de treinta años su equipo le hizo llorar. Me la debéis. Y no estaría mal que sea este fin de semana ya que el lunes 13 es mi cumple. Lo recibiré como vuestro regalo.

 

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