Vicu reanuda sus crónicas contando la triste derrota contra el Villarreal en San Mamés. A falta de nueve jornadas para el final de la liga todo se comprime mucho y los pasajes para Europa son cada vez más caros.
Hace unas semanas, concretamente el 12 de febrero, comenzaba la crónica de una buena victoria contra el Sporting pidiendo al equipo y a su cuerpo técnico que no nos deshincharan el globo de la ilusión. Entonces estábamos en la quinta posición y teníamos al Sevilla (séptimo) a 7 puntos y al Atlético de Madrid (octavo) a 8.
Hoy, siete partidos después, sólo hemos bajado un puesto pero la impresión es muy distinta. En estos siete partidos que van desde nuestra última crónica hemos vencido al Sevilla, hemos empatado en Getafe y hemos perdido cinco partidos – Mallorca, Barcelona, Valencia, Zaragoza y el de hoy contra el Villarreal.
Como en la película de El día de la marmota en que cada día se repetía lo vivido el anterior, la historia de este Athletic de Caparrós también la hemos vivido. Recordemos que la temporada pasada, a falta de siete u ocho jornadas, se decía aquello de UEFA segura y Champions posible. Y al final no conseguimos ni el séptimo puesto que también tuvo boleto para Europa.
Y este año pinta más de lo mismo. Ya han pasado más de 2 horas del final de partido contra los amarillos del Villarreal y sigo sintiendo la misma impotencia que cuando el árbitro – mal árbitro por cierto – ha pitado el final en San Mamés.
Es posible que la derrota de hoy no haya sido justa. Es verdad que la primera vez que el Villareal tiraba entre los tres palos ha originado el viaje de Iraizoz al fondo de la portería para recoger el balón. Es cierto que hemos marrado un puñado de buenas ocasiones de marcar. Pero no me gusta el aspecto del equipo. No me gusta la imagen de desgana, de conformarse a su suerte, de sensación de misión cumplida porque hemos salvado el pellejo otro año más.
Soy consciente de que perder contra el Villarreal entra dentro de lo posible. Pero mi desilusión viene de más lejos. Un equipo que quiere luchar por puestos europeos no puede hacer los partidos que ha hecho el Athletic en Mallorca, Zaragoza y Getafe. Simplemente lamentables.
De los últimos 21 puntos hemos sacado 4. Con esos números no vamos muy lejos. Así y todo seguimos en sexta posición porque los rivales tampoco están demasiado finos. Hay, por tanto, margen para todo.
Pero este Athletic no me gusta, no me ilusiona. No voy insistir una vez más en mi opinión de Caparrós – todos los “sufridores” que me aguantáis en esta web la conocéis perfectamente – pero sí diré que deseo con todo mi corazón que esta sea su última temporada en el Athletic. No le entiendo en sus planteamientos, no concibo su forma de jugar – sobre todo fuera de casa – y no creo que esté sabiendo sacar el mayor rendimiento a esta plantilla. Que, desde luego, no tiene calidad ni capacidad para luchar por el liderato, pero que tampoco debe desintegrarse en la recta final como lo hizo el año pasado y tiene todos los visos de hacerle en esta campaña.
El partido de esta tarde es, a mi entender, un ejemplo más de que Caparrós no sabe leer los partidos. Contra los equipos grandes o gallitos (me resisto a pensar que Villareal es aún un grande porque no tiene una historia que le ampare) se “acongoja”.
El Villareal es un equipo que la toca muy bien, con grandes peloteros (soberbio Borja Valero, gran Cazorla) pero que venía de jugar el pasado jueves en UEFA y, precisamente, juventud y fondo físico no es lo que más le sobre a este equipo. Por tanto yo esperaba que el Athletic saliera en tromba, imprimiera un ritmo altísimo al partido para cansar al rival, que debe andar muy flojito de gasolina. Pues no, al contrario. Se han contagiado de su ritmo cansino, se ha empeñado en jugar muy lento y desde atrás (¿habrá hecho Iraizoz una apuesta con alguien para que no sacara un solo balón en largo?). Parece que este entrenador tiene un especial miedo a jugar con los de arriba y saca al equipo amarradito y a expensas de lo que haga el rival.
Con todo, perder contra el Villareal – como decía antes - puede entrar dentro de la lógica. Lo que no concibo es que, un año más, nos desplomemos al final del campeonato y cuando tenemos algo ilusionante por lo que pelear hagamos partidos como los de Zaragoza, Getafe o Mallorca. Está claro que, a día de hoy, Barcelona, Valencia y Villareal no son de nuestra liga.
¿No es así, Caparrós?