Vicu nos trae la primera crónica del año. En este caso una crónica negra ya que comenzamos con derrota en San Mamés. Ahora nos espera la semana de pasión con la vuelta de la Copa y el partido de Málaga. ¡Arriba esos ánimos!
No me gusta dármelas de adivino. Además, pienso como Sócrates cuando decía “solo se que no se nada” y cuanto más viejo me hago y más fútbol veo creo que cada vez entiendo menos de qué va esta fiesta. Pero ya lo avisé. Si tiramos de hemeroteca y releemos algunas crónicas atrás ya comentaba que estábamos tentando demasiado a la suerte de San Mamés. En los dos últimos partidos en casa nos había salvado la campana: contra Osasuna un gol de córner en tiempo de descuento y contra el Español una falta magistral de David López dio la vuelta a un marcador que en la primera parte debían haber sentenciado ellos. Pero que esto no iba a durar siempre.
Y en esto llega el Depor y nos paga con la misma moneda. Gana un partido en el que no hizo nada para ganar. Un Depor muy muy justito que sólo tuvo que esperar acontecimientos y amagar a una defensa muy muy mala. Sin paliativos.
Podemos hablar del árbitro lo que queráis porque, ciertamente, poco ayudó. Pero me niego a ser tan simple como para pensar que perdimos por él. Seguramente el penalti fue muy riguroso pero a mi me duele mucho más el error clamoroso de Ustariz en la jugada que, después, propicia el penalti. Es muy posible que la expulsión de San José podía no haberla pitado pero lo cierto es que trata de agarrar o desequilibrar al delantero en el enésimo error de marca de la defensa.
Y en el segundo gol del Depor ni siquiera tenemos la excusa del árbitro. Error de bulto impropio de un equipo de primera división. Yo siempre he defendido a Ustariz porque creo que fue unos de los protagonistas de la salvación en su primer año en el Athletic, en los negros tiempos de Clemente. Pero la paciencia se me está terminando. Lleva una temporada sencillamente desastrosa. En el segundo gol comete tres errores seguidos: se deja ganar en el salto por un futbolista que no es precisamente Zigic, le deja controlar el balón y no consigue entorpecer el disparo. Con la inestimable ayuda de Gurpegi, que seguía la jugada como si fuese un espectador más, sin intentar siquiera hacerle la cobertura en el marcaje. Una gripe me dejó en casa y en la televisión pude ver la jugada repetida en más de cinco ocasiones. Y a cada una de ellas me desesperaba un poco más. Tenemos una defensa que es el chollo de cualquier delantero. Adrián se bastó solito para volver locos a los centrales.
El Depor no hizo nada para ganar pero ganó. Tan sólo pararse a esperar a que el Athletic se fuese suicidando él solito. Y vaya que se suicidó. Primero, errando unas ocasiones de gol que no se pueden perdonar. Segundo, cometiendo unos errores infantiles en defensa que provocan el penalti, la expulsión y el segundo gol. Tercero, fallando en los cambios, a mi entender, de forma notable. Se veía que era un partido para centrar balones constantemente y quita del campo al que mejor las pone (David López) para dar entrada a un Susaeta que no está para centrar ni para desbordar. Castillo estaba desquiciando a Muniain porque no le desdoblaba ni una sola vez y tardó un mundo en dar entrada a Gabilondo, que es otro que también las sabe poner.
Y voy a hablar del portero. Posiblemente si hubiese estado en San Mamés me habría pasado desapercibida la imagen pero viendo por televisión cien veces repetido el lanzamiento del penalti da un poco de vergüenza verle hacer el “tancredo”. Soy de los que piensan que fallar un penalti es 99,9% error del lanzador y 0,1% acierto del portero, pero de ahí a quedarse pasmado sin moverse cuando le lanzan el penalti va un abismo. Alguien debería avisarle de que es mejor que se tire a cualquiera de los lados por si le suena la flauta y le pega en el cuerpo. Vamos o, al menos, para no hacer el ridículo cuando lo repiten cien veces por televisión.
Evidentemente no fue el culpable esta vez de la derrota del equipo pero también es cierto que no paró un solo balón: dos tiros entre los tres palos, dos goles. Y en la portería de enfrente uno de los nuestros, que se tuvo que marchar por la puerta falsa porque no valía ni para suplente del suplente de Iraizoz, haciendo dos paradones que evitaron dos goles cantados. En fin, ya he comenzado diciendo que cada día entiendo menos de qué va esta historia. Como diría mi madre, “sabios tiene la Iglesia…”
Y el sábado un Málaga que, aunque parezca mentira, encaja más goles que nosotros. Suena a empate a 7. Pero antes está la gran final de octavos contra el Barça. Voy a planchar mi bufanda y a encender las velas porque esto es otra historia. Vamos a ganar seguro porque he hecho una promesa: si gana el Athletic les llamo a los Reyes para que vuelvan a mi casa y se lleven mis regalos. Con la victoria me basta. ¿Qué más vamos a pedir?