El presi nos trae la crónica de un partido loco donde el Athletic volvió a perder en Sevilla. Y van ... El árbitro tuvo mucha culpa del resultado pero no sólo él.
Como casi siempre, volvimos a perder en Sevilla, en un partido en que algunos criticaran, y con razón, al colegiado de turno. Se equivoco, y perjudico claramente al Athletic; el primer penalty puede pasar perfectamente sin pitarlo, y el segundo es incomprensible que no vea el plantillazo al portero, y luego, pite la mano del defensa en el suelo.
Dicen que unas veces dan y otras quitan, que al final de temporada se equiparan los errores a favor con los errores en contra. Con este partido ya empezamos a tener deudas pendientes con los de “negro”, aunque el de ayer vestía de amarillo.
Además del arbitraje y por desgracia mucho más relevante, es la incapacidad que tiene el equipo para hacer frente a los grandes de la Liga. El primer tiempo fue en mi opinión malo sin paliativos. Quince minutos de control del juego, (por cierto muy similar a los siete primeros del Santander en Madrid, y le cayeron seis goles), y en cuanto el Sevilla presiono de verdad y empujo, vimos a un Athletic defensivamente penoso. El primer gol consistió en un cumulo de errores defensivos, que permitieron rematar dos veces a los delanteros del Sevilla, con multitud de jugadores rojiblancos colocados a una distancia enorme, dentro de lo que suele ser aconsejable en el área, sin que ninguno de ellos ejerciera de verdad la marca sobre los rivales. El segundo viene consecuencia de un penalty algo riguroso. A mí realmente me pareció penalty, aunque como he comentado al principio, si no lo pita tampoco pasa nada. Lo que es de destacar, es el error defensivo que se produce antes.
Nunca debe de llegar ese balón entre los dos defensores, y además, también creo que Ustaritz debería de haberse contenido en esa entrada, porque al delantero, empujarle, le empuja.
Tampoco arranco mucho mejor la segunda parte, con un tiro al palo en una clarísima ocasión del rival y con el tercer gol en contra en otro fallo clamoroso, del centro del campo al no presionar al poseedor del balón y permitirle la asistencia, y del centro de la defensa con la marca sobre el delantero. En esos momentos, más de uno, entre los que me incluyo, estuvimos a punto de apagar la “tele”, pensando que nos podía caer una goleada importante; pero como al final nos puede más el fútbol, decidimos que podíamos sufrir media hora más de partido.
La expulsión de Navarro, y el primer gol de Llorente cambio radicalmente el panorama; y con el segundo se nos abría una posibilidad real de puntuar en Sevilla, e incluso (aunque parezca mentira después de todo lo que habíamos visto) de remontar. Pero rápidamente apareció el árbitro para cortar de cuajo la reacción de nuestro equipo con una decisión “alucinante” por ser doblemente equivocada. ¿Cómo es posible no ver la entrada en plancha del delantero sevillano y sin embargo, ver una mano voluntaria en esa jugada?, y además ¿Cómo es posible no sancionar con tarjeta roja directa, una mano voluntaria a un metro de la portería, evitando la ocasión manifiesta de gol?. La primera pregunta es difícil de contestar, pueden decir árbitro y auxiliar que estaban mal colocados, etc. La segunda solo tiene una contestación. Sabía que había metido el “zancarrón” y no se atrevió a expulsar al jugador rojiblanco, al que le saco tarjeta amarilla por protestar, pero no por la mano en esta jugada, ni por el primer penalti.
En definitiva, una decisión que nos bajo las pulsaciones y nos quito la emoción y la posibilidad de dar la vuelta al marcador. El tercero de Gabilondo, solo valió para hacernos juramentar un poco más en contra del colegiado. Si no hubiera pitado el segundo penalty injusto, habíamos empatado.
En cualquier caso, el verdadero partido hay que analizarlo antes de esa jugada. Los partidos se deciden casi siempre con los primeros goles y estos fueron del Sevilla, y fueron por merecimiento y por crear ocasiones con una facilidad pasmosa, a un equipo muy frágil. Horroroso fue el primer tiempo de Valencia, y un poco más disimulado, por el primer cuarto de hora, el de ayer, pero igualmente calamitoso. O mejoramos mucho fuera de casa, o es prácticamente imposible ganar un partido a un equipo de mitad de tabla.
Da la impresión que andamos un escalón por debajo de equipos como Sevilla o Valencia, de la misma manera, que también da la impresión que andamos un escalón por encima de otro tipo de equipos, como Mallorca o Zaragoza. Pero hay que tener cuidado, una victoria fuera en partidos como el de ayer, nos metería anímicamente a pelear por Europa; pero por el contario, una derrota en casa ante el otro tipo de equipos, nos metería en una historia que creíamos olvidada.
Este deporte es enormemente cambiante, como se demostró en el partido de ayer, y podemos pasar del primer caso al segundo en un santiamén. O no, podemos decir como la canción, que “la vida sigue igual”, y seguir navegando haciendo los deberes con los débiles y perdiendo con los fuertes, racaneando sin pena ni gloria en los puestos medios de la Liga. Igual no tenemos fútbol más que para esto.