El Athletic significa ...

Extraños en un bar

Magnífico relato El Ambigú Zurigorri. el martes 21 de octubre de 2008. No os lo perdáis.

Sucedió el Sábado. A esa hora en la que apetece tomarse una copita mientras te castigas viendo a los de blanco ganar un partido. Un barman, de esos que conoce bien su oficio, reina al otro lado de la barra de un amable bar de Hotel.

"¿Mañana qué?", me pregunta. "¿Mañana?....mañana será una vuelta al ayer.....victoria holgada"....de repente una voz con magia sureña resuena a mi lado...."yo creo que nos va a costar...pero apuesto por una victoria 2-1"....le miro y me encuentro con un hombre finalizando la treintena, pequeño, ojos vivaces, educado y pulcro, como recién salido de un viejo celuloide. Un tipo amable con manos ásperas de trabajador de esas que como pude comprobar luego, al saludar, aprietan con franqueza. Su atuendo no permitía percibir sus filias ni sus fobias futbolísticas....así que añadí sonriendo "todavía no sé si juegas a favor o en contra. De modo que no sé si firmo o no tu propuesta. Yo, desde luego, en todo caso, no me rindo"....el barman, sobresaliente en el ejercicio de su trabajo no tarda en intervenir...."aquí tienes Juancar, un gaditano de corazón rojiblanco....se ha venido desde Cádiz a ver el partido y no creas que lo hace una vez al año, no, aquí lo tenemos alojado al menos tres o cuatro veces por temporada".

Como no podía ser de otra forma esa declaración despertó mi curiosidad y afilé mi inveterada costumbre de escuchar al desconocido, ejercicio que necesito practicar con frecuencia, una tregua que proporciona la vida. Hay quien se va a un monasterio del Tibet o se tumba en un diván de un sicólogo argentino o se va de "charla" con Déborah. Yo prefiero la barra de un bar. Y es que una barra de bar es siempre punto de encuentro, un sitio donde, entre vaso y vaso, poner la vida sobre el mostrador, a poco que se cuente, eso sí, con las dosis mínimas de curiosidad, sociabilidad y buena fe.

 

Y me contó historias. Entrañables y duras historias de los años setenta, de un padre trabajador, castigado por el paro, muñidor de chapuzas y remiendos varios para sacar adelante una familia. Historias reconocibles, de eternos vencidos, de supervivientes, de quienes cada mañana se levantaban a partirse el lomo para llegar a fin de mes y ponerles por Reyes unas camisetas rojiblancas y un balón de fútbol a los críos, dispuestos a encajar, resignados, cada derrota, en esta tierra en la que Dios, como dijo aquel, dejó el hambre y se llevó el pan.

Historias bellas de un padre que no se permitía ni un solo vicio para, de vez en cuando, llegado el Domingo poder coger la mano de su hijo pequeño, unos bocadillos y los autobuses que hicieran falta para recorrer Andalucía allí donde jugara el Athletic.

Supongo que el alcohol y la compañía le fueron arrancando jirones agridulces de la memoria. Historias con corazón y alma. Bonitas historias de padres que cuentan leyendas rojiblancas a sus hijos mientras viajan, de niños que tienen en su camiseta zurigorri su mayor tesoro, ésa con la que van a jugar, orgullosos, en el barrio. Dignas historias de un padre que nunca había podido ver San Mamés y de un hijo que dedicó su primer sueldo de hombre a llevárselo consigo, "en avión, por supuesto, y a hotel de lujo" para que pudiera, por fin, ver cumplido su sueño y humedecer sus ojos con el verde de La Catedral antes de tener que cerrarlos víctima del cáncer. Historias de esas que acompañan muy bien la tercera copa de la noche porque hablan de amores perdidos, de tristezas infinitas y de nostalgia, de mucha nostalgia.

He de confesar que me emocioné , más de una vez, según escuchaba su relato. Un relato de amor y sacrificio. De reconversiones industriales que golpean las ya, de por sí, débiles economías familiares. "No se confunda", me dijo incapaz de tutearme por mucho que se lo pidiera. Me lo dijo mientras se señalaba el cocodrilo que lucía su jersey nuevo, el de las grandes ocasiones, supongo. "Yo uno de estos lo puedo llevar solo cuando mi mujer se vuelve loca y me lo regala por algún aniversario......trabajo descargando camiones....800 euros al mes...imagínese...si no fuera por ella...".

Cómo él me explicó, con ese humor inquebrantable, con ese talante resignado, sarcástico y tocado de mala leche..."la mía es una trayectoria profesional lenta pero segura....comencé de chico de los recados y veinte años después ahí me puede ver usté....con responsabilidades, descargando camiones.......que en la vida no hay que ir muy deprisa que se derrapa en las curvas."

Luego añade, con toda la dignidad de mundo, temeroso quizás de que pensara que quiere fomentar la pena..."que en mi casa no falta de ná, entiéndame, pero para poder venir hoy aquí y ver a mi Athletic hemos estado varios meses ahorrando, saliendo muy poquito de casa". Su amor llega tan lejos que se hizo con una copia de la Asamblea y se la tragó entera, no os digo más. Según le escuchaba pensé en algunas imágenes de la misma, en algunos mensajes SMS y me invadió la vergüenza.

Le hablo del mérito que tiene su cariño por el club, después de tantos años sin una alegría que llevarse a la boca....no me deja continuar...."yo...yo es que ya he visto ganar al Athletic la liga y la copa....y me puedo morir tranquilo....lo siento, eso sí, por los más jóvenes que no han visto ná de eso....cuando allí me dicen en el trabajo...pero cómo eres del Bilbao....ya sabe usté que ahí les cuesta entender que somos el Athletic ...que si hace un mundo que no ganáis nada...que si tal, que si cual...yo siempre les digo....que pasa...que porque tus hijos no sean recientes ya no les quieres...y si no son los más listos de la clase te avergüenzas de ellos?.. .¿es que vale menos un titulo de hace 50 años que otro de hace 5? ...y se callan....se callan , sabe usté, porque en el fondo saben el mérito que tenemos".

No pude menos que darle , junto con mi admiración, un par de direcciones de Internet y la de un par de bares en Bilbao. Si la situación lo hubiera permitido, habría solicitado al Tobarisch una hora de su "máquina del tiempo", y habríamos lagrimeado juntos. Otra vez será, camarada gaditano.

Al poco llegó su santa esposa. Una santa, sin duda. Ojos claros que se parecen al mar o al cielo o a ambas cosas a la vez. No le gusta el fútbol, reconoce, supongo que por no confesar que le aburre..."pero él es tan feliz con su Athletic"....le pido que se conserve así de tolerante siempre porque la enfermedad de su marido no tiene cura ..y su respuesta ...."yo ya le digo...no te preocupes vida, que a la tumba vas con la camiseta y la bandera..de eso me encargo yo". Una mujer que sospecho posee una reserva secreta de entereza, capaz de sobreponerse aunque caigan chuzos de punta. Historias de una forma de vivir y de sentir.

Y llega el momento de decir adiós....o hasta mañana si ellos quieren y pueden...y el buen hombre que pega con los nudillos en la barra y pregunta qué se debe.....que no hay mejor regalo para él que conversar un rato del Athletic con alguien que lo quiera como él....que se siente tan bien entre nosotros......que está tan emocionado cada vez que viene a San Mamés.... que quiere pagar los tragos, como hace la gente bien nacida aunque aquel sea el ultimo billete de 50 euros. Y uno que ha tenido "amigos" que ya no lo son tanto por su costumbre de llegar tarde a todas las cuentas, de mirarte indeciso cuando llega el camarero, capaces de preguntar "y lo mío, ¿cuánto es?"....y la vergüenza ajena que te hace decir...venga, déjalo, hombre, no te preocupes que ya pago yo....hijo de la gran puta...que la próxima vez se va a tomar algo contigo el mercader de Venecia.....así que uno, viendo eso, se vuelve a emocionar, y por supuesto, no le deja cumplir su deseo..."esta vez, hermano, deja que te invite el Athletic".

Según me acercaba el Domingo hacia San Mamés y veía aquellas pequeñas camisetas blaugranas acompañando a las más grandes rojiblancas no podía menos que pensar, agradecido, en él y en su padre, sobre todo en su padre.

El Domingo, como nunca, quise una victoria rojiblanca, por todos nosotros, por aquellos de entre nosotros que llevaban camiseta blaugrana y sobre todo por ti, amigo, sobre todo por ti y por lo que representas.

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