Para mí el Athletic significa ...

Mi recuerdo del Athletic

Juan Martín Navas

Juan Martín Navas fue un locutor deportivo de los años 60, cordobés, que se hizo famoso por ser la voz que retransmitió desde Radio Nacional el histórico gol de Marcelino a la URSS que significó el 2-1 con el que España se proclamó campeona de Europa en el año 1964.

Este artículo sobre el Athletic se publicó en la revista oficial “Athletic” en su número 3, correspondiente al 10 de marzo de 1973.


Hace algunos años viajé con el Athletic a Budapest, donde debía jugar un partido de la Copa de Ferias. Mi incorporación a la expedición vasca se produjo en el último momento (es el signo de los viajes de muchos periodistas , que tantas veces carecen del tiempo necesario para cambiarse de camisa o dar un beso a sus hijos entre escala y escala de sus andanzas profesionales).

Desembarcamos en el aeropuerto a las seis de la tarde. Todos los expedicionarios fueron conducidos, bien pronto, al autobús que esperaba para trasladarse al hotel. Excepto yo. Por la precipitación del desplazamiento, faltaba en mis papeles algún requisito, que podía ser gestionado al día siguiente, en un organismo superior. Mientras tanto, debía permanecer en el aeropuerto. Se me recluyó en una dependencia aislada del mundo exterior con guardia a la puerta. Era la ley de entonces. Fueron 17 horas de espera. A las 11 de la mañana recobraba mi libertad.


Una anécdota de la vida de un locutor viajero por toda clase de latitudes. Pero no lamentable, como pudiera hacer creer su relato, sin más ni más. Yo la recuerdo con indudable nostalgia. Mejor: con alegre simpatía. Porque fue la oportunidad de conocer de verdad a un Athletic, cuyos 75 años de vida no son solamente esa brillantísima historia de competencias deportivas, que encendieron la admiración a tantos públicos de España y fuera de ella. El Athletic es también – y sobre todo – un cuerpo de señores amigos con un alma deportiva auténtica.

Aquella noche de Budapest se me ha convertido en uno de los recuerdos más entrañables de mi vida. La habitación tenía teléfono. Es el aparato por el que he escuchado las frase más alegres y las historias más graciosas que jamás pude imaginar. Jugadores y directivos, en turno ininterrumpido que cesó cuando el Presidente, a media mañana, dijo: “ya podemos ir por ti”, estuvieron contándome historias de vascos y vascas, chistes de la más variada geografía, chascarrillos y sucedidos a cada cual más divertidos. Fue la noche en vela más grata que se pudiera deparar a nadie. Porque cada palabra de cada jugador y de cada directivo del Athletic, tenían, sobre todo la gracia del aliento de una cálida compañía inmensamente humana, que nunca faltó en aquellas 17 horas de forzosa separación. 


Luego he conocido a otros jugadores y otros directivos del Athletic. Siempre noté en ellos un señorío del alma que sólo se encuentra en un deportista señor.

Yo creo que ese timbre de auténtica fraternidad deportista que anida en todos los miembros del Athletic y que a mi me reveló en aquella noche lejana de Budapest, es el verdadero y hermoso secreto de unas bodas de brillante que este año se cumplen.

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