Una representación de 13 valientes (¿?) de la Peña nos fuimos hasta
Bruselas siguiendo al Athletic en su compromiso de vuelta de 32º de
final de la UEFA League contra el Anderlecht.
El partido de ida en Bilbao ya dejó un poso de incertidumbre en todos
nosotros pero ¿no somos de Bilbao? Pues a Bruselas que no va a pasar
nada y además está ya todo pagado (argumento más poderoso que el hecho
de ser de Bilbao).
Miedo real y físico porque vivimos una situación extremadamente
desagradable. Pocos minutos antes de dirigirnos a la zona de recogida
de los autobuses que el Athletic puso a disposición de los aficionados
para desplazarse hasta el campo, mientras finalizábamos nuestra comida
en un restaurante del edificio del Principado de Asturias, pasaron por
delante del restaurante en que nos encontrábamos más de doscientos
energúmenos belgas que iban a la busca y captura de los aficionados del
Athletic para tratar de ajustar las cuentas pendientes de Bilbao.
Nos salvó la pericia y rapidez de reflejos del dueño del restaurante
que rápidamente cerró todas las puertas y nos trasladó hasta el fondo
del local, donde no pudiéramos ser vistos por la manada de
descerebrados de los que únicamente nos separaba un cristal. Fueron
unos minutos de pánico auténtico. Nuestro eterno agradecimiento a los
dueños del restaurante del Principado de Asturias que se portaron con
nosotros de forma espléndida.
Decepción. Una gran decepción y una profunda frutración de comprobar –
una vez más – que la directiva del Athletic no está a la altura de lo
que es este club. Es de aplaudir su idea de ofrecer autobuses a todos
los aficionados que nos encontrábamos en Bruselas. Pero esta buena
intención se convierte en desastre cuando no ponen autobuses
suficientes para todos, cuando en medio de una lluvia intensa y un frío
terrible deja en tierra a más de doscientas personas con la única
compañía de dos policías belgas ya que los demás habían marchado
escoltando a la caravana de autobuses. Por cierto, chapeau para la
policía belga que dieron una demostración de cómo se controla a su
propia afición (la belga) y cómo se protege a la afición rival. No es
comprensible que en toda la organización de los autobuses no hubiera un
solo representante del Athletic. No es de recibo que como estaba el
ambiente de tenso en Bruselas se despreocupen totalmente de sus propios
aficionados. El acceso a los autobuses fue un auténtico caos
organizativo y sin noticias de la directiva, ni de ningún responsable
del club. Lamentable.
Decepción y tristeza por ese grupo de indeseables – pocos pero
peligrosos – que viste los mismos colores que nosotros y que
desprestigian el nombre y la imagen de nuestro club con sus continuas
provocaciones a todo el que se les cruza por la calle. Si el club no
toma cartas en el asunto y aparta a esta banda - son cuatro pero muy
ruidosos – de San Mamés y de los viajes organizados, nos vamos a
encontrar con que no va a merecer la pena viajar con el Athletic.
Porque la gran mayoría de seguidores no tenemos nada que compartir con
ellos.
Y en lo deportivo ni hablar. Bochornoso espectáculo. Pero con la que estaba cayendo era lo de menos.